martes, 11 de noviembre de 2008

Carta a Nacho

Hola Nacho,

Como veo que sigues pensando que soy un ser de las tinieblas, voy a explicarte un poco qué quería decir mi "post".

El comienzo es prácticamente una sucesión de pensamientos, por eso voy de un lugar para otro. Me he dado cuenta de que vivimos en un mundo tan amplio e incontrolable que la sociedad tiene la necesidad de reducir todo a cifras, números y casillas. Nosotros actuamos un poco igual. Y las relaciones, no es nada nuevo, se han desnaturalizado. No es ya que no se salude a los desconocidos por la calle, es más allá. Incluso en el trabajo y el día a día nos cuesta ponernos en la situación de los demás y actuar con una mínima flexibilidad para hacer las cosas más sencillas. Cada uno aplica sus rutinas, y fuera de ellas está el vacío, así que es difícil que alguien se asome a echar una mano. 
Vivimos en un mundo frívolo, sí. No sé si es malo, yo creo que en parte sí, y el ejemplo más claro que me ha venido a la mente son los famosos negritos. Desde que publiqué mi post habrán muerto cerca de 20000 niños en África solo de malaria (estaba pensando qué precisión dar, luego me ha llamado Natalia y creo que ya han muerto otros 20; es un mundo frívolo). Sin embargo, todo lo que nos ha preocupado en este tiempo es en qué carajo estaría yo pensando cuando escribí esa mierda. Los negros, una vez más, quedan lejos, lo suficiente como para ignorarlos. Más allá de nuestros votos y nuestras mezquindades, mucho más allá de nuestras creencias y de nuestras palabras, mucho más allá del consuelo sagrado.
Yo no diría que la gente sea mala. Quizás lo que hacemos todos, en el fondo, es seguir nuestro instinto. Pero nuestro instinto no conoce a los negros, quedan demasiado lejos. Nuestro mundo es demasiado grande para un instinto tan pequeño, por eso vivimos en una sociedad tan patética. Con poco esfuerzo, muy poco esfuerzo, podrían cambiar muchas cosas. Pero es imposible que todos veamos la necesidad y, si la vemos, no tenemos valor para dar el paso. Mírame a mí mismo: ¿qué he hecho por mis niños del África? Absolutamente nada. Ellos siguen muriendo, como mi fiel reloj, y yo los ignoro. Estos son los papeles que nos han tocado en la vida. Es una mierda, es terriblemente injusto. Pero no por ello debemos rasgarnos las vestiduras y morir anegados en llanto. Tan solo debemos intentar hacer que la existencia sea lo más agradable que podamos para todo el mundo. Aveces esto es fácil, basta, por ejemplo, con querer a las personas adecuadas en el momento preciso. En ocasiones requerirá un gran esfuerzo, y entonces es cuando debemos estar a la altura de qué se yo, porque no sé qué es nada. 
Solo sé que yo lo intentaré, sin ningún motivo aparente. Supongo que por creerme bueno. Sea. Algún día habrá pasado todo, y quizás yo haya sido bueno.



PD: Perdona que al final no te haya mandado este mensaje por vía privada, como habría correspondido. He imaginado que esta aclaración podría serle útil a más gente. 

3 comentarios:

Émera dijo...

Bien, bien, bien...

Veo que las aguas vuelven a su cauce...

Ya sabéis que soy amante de la polémica, pero no puedo con el enfrentamiento... y aquí se mascaba la tensión en el ambiente...

Corramos un "estúpido velo"...

Nacho del Val dijo...

Qué berraco me pones cuando te explicas Colin

cronopio dijo...

Yo siempre te doy lo que te gusta